miércoles, 23 de noviembre de 2016

HACE FRIO EN EL BOSQUE

Un  cuento infantil para los niños que habla del valor de la solidaridad. Una bonita manera de enseñar valores a los niños es a través de los cuentos y de sus mensajes. Un cuento sobre la solidaridad. Hace frío
El invierno es un viejito que tiene una barba blanca, llena de escarcha que le cuelga hasta el suelo. Donde camina deja un rastro de hielo que va tapando todo.
A veces trae más frío que de costumbre, como cuando sucedió esta historia: Hacía tanto, pero tanto frío, que los árboles parecían arbolitos de Navidad adornados con algodón. En uno de esos árboles vivían los Ardilla con sus cinco hijitos.


Ardilla y erizo

Papá y mamá habían juntado muchas ramitas suaves, plumas y hojas para armar un nido calientito para sus bebés, que nacerían en invierno.

Además, habían guardado tanta comida que podían pasar la temporada de frío como a ellos les gustaba: durmiendo abrazaditos hasta que llegara la primavera.
Un día, la nieve caía en suaves copos que parecían maripositas blancas danzando a la vez que se amontonaban sobre las ramas de los árboles y sobre el piso, y todo el bosque parecía un gran cucurucho de helado de crema en medio del silencio y la paz. ¡Brrrmmm!
Y entonces, un horrible ruido despertó a los que hibernaban: ¡una máquina inmensa avanzaba destrozando las plantas, volteando los árboles y dejando sin casa y sin abrigo a los animalitos que despertaban aterrados y corrían hacia cualquier lado, tratando de salvar a sus hijitos!
Papá Ardilla abrió la puerta de su nido y vio el terror de sus vecinos. No quería que sus hijitos se asustaran, así que volvió a cerrar y se puso a roncar.
Sus ronquidos eran más fuertes que el tronar de la máquina y sus bebés no despertaron. Mamá Ardilla le preguntó, preocupada:
-¿Qué pasa afuera?
- No te preocupes y sigue durmiendo, que nuestro árbol es el más grande y fuerte del bosque y no nos va a pasar nada- le contestó.
Pero Mamá Ardilla no podía quedarse tranquila sabiendo que sus vecinos tenían dificultades. Insistió:
- Debemos ayudar a nuestros amigos: tenemos espacio y comida para compartir con los que más lo necesiten. ¿Para qué vamos a guardar tanto, mientras ellos pierden a sus familias por no tener nada?
Papá Ardilla dejó de roncar; miró a sus hijitos durmiendo calientitos y a Mamá Ardilla. Se paró en su cama de hojas y le dio un beso grande en la nariz a la dulce Mamá Ardilla y ¡corrió a ayudar a sus vecinos!.
En un ratito, el inmenso roble del bosque estaba lleno de animalitos que se refugiaron felices en él. El calor de todos hizo que se derritiera la nieve acumulada sobre las ramas y se llenara de flores. ¡Parecía que había llegado la primavera en medio del invierno!.
Los pajaritos cantaron felices: ahora tenían dónde guardar a sus pichoncitos, protegidos de la nieve y del frío. Así, gracias a la ayuda de los Ardilla se salvaron todas las familias de sus vecinos y vivieron contentos.
Durmieron todos abrazaditos hasta que llegara en serio la primavera, el aire estuviera calientito, y hubiera comida y agua en abundancia.
FIN

LA ESCUELA

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martes, 22 de noviembre de 2016

LA PRINCESA Y EL CAMPESINO

Érase una vez, un precioso reino gobernado por dos reyes muy buenos llamados Rafael de Málaga y su preciosa esposa Isabel de Málaga. Estos reyes deseaban con todo su corazón tener una hija, y estuvieron mucho tiempo intentándolo, pero por más que lo intentaban no se les cumplía el deseo.
Un precioso día, como nunca antes había sido, con preciosas mariposas revoloteando de un lado a otro y un precioso y enorme arco iris que recorría el reino entero, la reina Isabel informó a su marido de que el médico había venido a visitarla y la había dicho que estaba embarazada, esperaba una niña.

Cuento corto: La princesa y el campesino

El marido, feliz, ordenó invitar a todo el mundo a una gran fiesta para celebrar la estupenda noticia. La niña nació antes de lo que esperaban, nació muy débil, pero cuando todos pensaban que no habría esperanzas para ella, aparecieron tres hadas mágicas. El hada de la felicidad, el hada de la fuerza y el hada del amor. Las hadas se acercaron al rey Rafael y le dijeron que le concederían tres dones a su hija. La primera, el hada de la felicidad, le concedió el don de hacer felices a quiénes la rodeaban.
La segunda, el hada de la fuerza, la concedió el don de tener fuerza ante la adversidad, que en ese momento era uno de los más importantes, pues sería el que la haría sobrevivir. La tercera, el hada del amor, la concedió el don de ser capaz de amar a una persona con todo su corazón. La niña logró sobrevivir y sus padres la llamaron Ana, pues Ana significaba la de la gracia, y según decían los sabios del reino seria una persona buena, cariñosa y sensible.
Y así fue, la niña era muy buena y hacía felices a todos los que la rodeaban, pues ella tenía el don de hacerlo. Ana era una de las niñas más bonitas del reino, tenía una belleza tanto por fuera como por dentro, que todas las niñas del reino envidiaban. Pero los padres de Ana desde antes de que naciera la comprometieron con el príncipe de Jaén, pues Rafael ansiaba poder unir los dos reinos, y esa era la única forma.

Los años fueron pasando, y nuestra querida y preciosa Ana ya era toda una mujer de diecinueve años. Se había convertido en una mujer tremendamente bonita y todos los príncipes de los reinos próximos soñaban con poder casarse con ella. Un precioso día de verano, Ana salió al bosque con su precioso caballo blanco a coger fresas, la seguían unas preciosas mariposas, pues ni los animales podían controlarse con tanta belleza cerca.
Princesa y campesino cuento
Pero de repente apareció un muchacho, al parecer un campesino, con aspecto pordiosero, la verdad no muy guapo pero tenía aspecto de ser muy feliz. El muchacho quedó impresionado con la princesa, supo al instante que se había enamorado de la joven del caballo. La princesa se acercó al joven y le preguntó que por qué estaba tan feliz, el muchacho casi sin poder articular palabra, pues aún no había logrado salir del embrujo de sus ojos, la contestó: usted mi señora, usted es la que me hace feliz, ha sido verla y saber lo que es la felicidad plena.
La princesa, se quedó un poco confusa, sin saber muy bien qué decir, ella se bajó del caballo y se acercó al muchacho, y mirándole a los ojos le preguntó que cuál era su nombre. El muchacho, avergonzado por no haberse presentado antes, hizo una reverencia y la dijo que se llamaba Javi y que era un campesino que trabajaba cultivando el campo.
Los dos jóvenes estuvieron toda la tarde paseando y conversando, él la hacia reír y ella le hacia sonrojar cada vez que sus ojos se juntaban. Cuando calló la noche ella tuvo que irse, pues sus padres la esperaban en el palacio para darle una noticia muy importante. 
Cuando llegó al palacio, encontró que sus padres estaban reunidos en el salón principal esperándola, con un muchacho muy guapo. Ella se acercó y preguntó que cuál era esa noticia que tenían que darle. Sus padres la dijeron que desde el momento que supieron que ella iba a venir al mundo, estaba comprometida con el príncipe Andrés de Jaén, que era el muchacho guapo que estaba a su lado.
Ella y el príncipe se fueron al patio para poder conocerse, al instante la princesa se dio cuenta de que el príncipe era un presumido y un arrogante, y ella no quería casarse con el por nada del mundo. Durante el siguiente año, mientras todos preparaban la boda de los príncipes, la princesa Ana seguía yendo al bosque para poder conversar con su amigo Javi el campesino. Ella le contaba que no quería casarse con el príncipe Andrés, porque era un chico muy presumido y no podría amarle nunca.
El día de la boda, la princesa se despertó muy triste, pues sabía que ya no podría hacer nada y que hoy sería la princesa Ana de Jaén, estaba muy triste. Sus amas de llave la ayudaron a vestirse con el vestido que la había comprado para la boda, y ellas también estaban tristes, pues sabían que la princesa no amaba al príncipe.
En el momento de la boda, mientras el cura los estaba casando, apareció por la puerta un joven campesino gritando que detuvieran la boda, diciendo que no podían casarse porque él amaba a la princesa y aunque no sabía si ella le correspondía sabía que ella no amaba al príncipe y él quería que ella fuera feliz y se casara con el hombre que ella quería.
La madre del príncipe, que en realidad era una malvada hechicera, al ver que los padres de ella no estaban dispuestos a obligar a su hija a casarse con alguien que no amara, se convirtió en dragón y fue directa hacia el campesino para matarlo por su traición. El príncipe, con mucho valor enfrentó a la malvada hechicera, cabalgando en su caballo fue hacia ella envainando su espada.
Fue una labor difícil, pues la malvada hechicera se valía de cualquier conjuro para echar fuego por la boca, e incluso volar con sus pequeñas alas de dragón. Pero el valiente campesino, con una fuerza mayor a la magia, el amor que sentía por la princesa, hizo que tuviera la suficiente fuerza para derrotar a la malvada hechicera.
Al final, la princesa y el campesino se casaron, y todos los días se iban a cabalgar al bosque, a ir a beber chocolate de los ríos, pues el chocolate de los ríos de aquella zona eran los más dulces de todo el país. Y los dos jóvenes, con un precioso beso final, vivieron felices y comieron perdices.
FIN

jueves, 17 de noviembre de 2016

DANIEL Y LAS PALABRAS MÁGICAS

Te presento a Daniel, el gran mago de las palabras. El abuelo de Daniel es muy aventurero y este año le ha enviado desde un país sin nombre, por su cumpleaños, un regalo muy extraño: una caja llena de letras brillantes.
En una carta, su abuelo le dice que esas letras forman palabras amables que, si las regalas a los demás, pueden conseguir que las personas hagan muchas cosas: hacer reír al que está triste, llorar de alegría, entender cuando no entendemos, abrir el corazón a los demás, enseñarnos a escuchar sin hablar.


Daniel y las palabras magicas. Cuentos para niños

Daniel juega muy contento en su habitación, monta y desmonta palabras sin cesar.
Hay veces que las letras se unen solas para formar palabras fantásticas, imaginarias, y es que Daniel es mágico, es un mago de las palabras.

Lleva unos días preparando un regalo muy especial para aquellos que más quiere.
Es muy divertido ver la cara de mamá cuando descubre por la mañana un buenos días, preciosa debajo de la almohada; o cuando papá encuentra en su coche un te quiero de color azul.
Sus palabras son amables y bonitas, cortas, largas, que suenan bien y hacen sentir bien: graciaste quierobuenos díaspor favorlo sientome gustas.
Daniel sabe que las palabras son poderosas y a él le gusta jugar con ellas y ver la cara de felicidad de la gente cuando las oye.
Sabe bien que las palabras amables son mágicas, son como llaves que te abren la puerta de los demás.
Porque si tú eres amable, todo es amable contigo. Y Daniel te pregunta: ¿quieres intentarlo tú y ser un mago de las palabras amables?
FIN

jueves, 6 de octubre de 2016

LECTURA: PHINEAS Y FERB

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VIDEOS DE CUENTOS





























LECTURA: LA VIDEOCONSOLA

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EL NIÑO Y EL CLAVO

Había un niño que tenía muy, pero que muy mal carácter. Un día, su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma, que él clavase un clavo en la cerca de detrás de la casa.
El primer día, el niño clavó 37 clavos en la cerca. Al día siguiente, menos, y así con los días posteriores. Él niño se iba dando cuenta que era más fácil controlar su genio y su mal carácter, que clavar los clavos en la cerca.

Finalmente llegó el día en que el niño no perdió la calma ni una sola vez y se lo dijo a su padre que no tenía que clavar ni un clavo en la cerca. Él había conseguido, por fin, controlar su mal temperamento.

Mal genio

Su padre, muy contento y satisfecho, sugirió entonces a su hijo que por cada día que controlase su carácter, que sacase un clavo de la cerca.
Los días se pasaron y el niño pudo finalmente decir a su padre que ya había sacado todos los clavos de la cerca. Entonces el padre llevó a su hijo, de la mano, hasta la cerca de detrás de la casa y le dijo:
- Mira, hijo, has trabajo duro para clavar y quitar los clavos de esta cerca, pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en la cerca. Jamás será la misma.
Lo que quiero decir es que cuando dices o haces cosas con mal genio, enfado y mal carácter, dejas una cicatriz, como estos agujeros en la cerca. Ya no importa tanto que pidas perdón. La herida estará siempre allí. Y una herida física es igual que una herida verbal.
Los amigos, así como los padres y toda la familia, son verdaderas joyas a quienes hay que valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te escuchan, comparten una palabra de aliento y siempre tienen su corazón abierto para recibirte.
Las palabras de su padre, así como la experiencia vivida con los clavos, hicieron con que el niño reflexionase sobre las consecuencias de su carácter. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
FIN